- ¡Bingo!
El auditorio entero no podía creerlo, de todas maneras, ¿Quién lo creería? Era solo un joven de unos 23 años, que a la mayoría de la gente del lugar, los recordaba a ellos mismos en su juventud; con grandes patillas y gafas, unos pocos sueños, pero absolutamente faltos de libertad, dinero, y un maldito toque de queda. La envidia era tan hedionda que llegaba a atraer a todas las moscas que se encontraban fuera, vagando en tal calurosa y sudada tarde de Enero, en la que “Shaggy”; obligado por su padre a acompañarlo a un bingo de beneficencia de la empresa, cuyos fondos serían donados a la familia Vega, cual jefe de hogar cayó en los estanques de ácido de la planta; se acababa de ganar un reluciente y completamente deseable, Chevrolet Nova del 70.
Entre copetes, salidas ocultas, algunas drogas suaves, repugnante olor a cigarro, milagrosas multas menores, alguno que otro topón y su nunca faltante, sexo casual; Oscar había aprendido a conducir en la van de su padre desde los 15 años; y sacado su licencia, como comúnmente, a los 18. ¿Por qué Shaggy? Por la simple costumbre de sacar a pasear en la van a su gran danés; que en este caso no se llamaba “Scooby”, si no “Hipólito V”, por desición de su madre, que seguía una tradición familiar que comenzó en el momento en que “Hipólito”, hace ya años, cuando el mundo era en blanco y negro, salvó la vida de su bisabuela al morderla en el estómago, de esa forma descubrieron que se formaba un cáncer que de no ser detectado antes, podría haber traído severas complicaciones; desgraciadamente el pobre Hipólito ya estaba mas que sacrificado por sus dueños cuando se descubrió que era un gran héroe, así que por un asunto de conciencias, nombrarían así a todos los perros que tendría la familia.
Ese día salió con Polo (sobre nombre que le tenía a Hipólito V), su amiga Carla; una joven de físico normal, estatura normal, y pelo castaño, de 20 años, que siempre usa un morral del que cuelga un grueso chaleco de colores amarillo, verde limón, y rosado fosforescente; y para completar el grupo, el Kike, o “Hector”, que pretendía, sin éxito, ser su nombre real; parecía un poco mas lúcido que el resto, aún conservaba la costumbre de escuchar música en walkman, por lo que siempre traía un banano desmembrado y con olor a polvo, lleno de cassettes rallados con plumón. Adelante estaban sentados Shaggy y Carla, mientras que el Kike se tendría que entender con Polo. Si no fuera por la costumbre de Kike de tener cassettes, no habría podrido disfrutar el añejo e inspirador sonido de Creedence; y mientras iban pasando los versos de “have you ever see in the rain”, junto con los primeros esbozos de un atardecer, llegaron a su primera parada. Siempre dirigiéndose hacia el sur.
Bajaron en una cafetería de camioneros y pidieron cuatro enormes churrascos italianos, entre los tres pagaron el churrasco de Polo, que venía sin verduras, pero con doble carne, así le gustaban al distinguido perro. Se sentaron alrededor del Chevrolet, cuyos colores blanco, con el capó negro, se hacían cada vez más intensos al mezclarse con los anaranjados del cielo, brillando casi incandescentemente en sus esquinas y focos. Shaggy estaba sentado en el lugar del chofer, con la puerta abierta; y frente a él Polo, comiendo enajenadamente su italiano; a la izquierda Kike y a la derecha, Carla.
- Que extraño y bien se siente esto -. No habían hablado sobre el tema de su viaje en todo el camino, ya que sin querer se distraían viendo las caras de los otros viajeros; sus horribles rostros de tener algún destino fijo, estática y fríamente fijo. – Dudo que extrañe las cosas de la vida anterior, lo único que traje conmigo, aparte de ustedes y algunas cosas esenciales, fueron algunos apuntes de física, cálculo y química; pretendo ser un autodidacta.
- Shaggy, viejito, perrito, amigo de toda el alma, weon, te juro que te vas a dedicar ahora, durante toda tu vida, a cultivar algunas plantas para autoabastecimiento jaja, y nada más. A lo más que en el sur llegué algo así como Colum, pero de tomates, y nos compre las cosechas por mil millones de dollares mensuales.
- Yo traje el tremendo machete en mi bolso, loco!, podríamos unirnos a la causa mapuche y ser como guerrilleros bacanes.
- Pero ahí no podrían usar ese chaleco tan brillante poh gila, tendrías que andar de negro.
- Ya, ni ahí con andar de negro, esa weá es pa los góticos culiaos como el Kike cuando chico.
- ¿Y tu Polo? Te tinca encontrarte con alguna perrita pastora ahí en el sur, de esas que dirigen las ovejas jaja. Demás que lo lograi po viejo; imagínate ahí ¿Cómo te veríai pisándotela entre las enormes praderas sureñas mientras el viendo acaricia sus rostros? Jajajaja
- Warf warf!! (Subtítulos de Polo: taría weno ya po weon, porque la única cagá q haci es presentarme minas humanas, pfff..puras pollas nomas)
Compraron unas galletas y un néctar de naranja, para el camino, prendieron un poco de hierba dentro del auto y siguieron con su escape, mientras el atardecer estaba apunto de concluirse. En las casas de cada uno de ellos, sus padres seguían su normal vida, después de todo; siempre salían y llegaban de madrugada generalmente, incluyendo al Polo, en el mundo real la gente pensaba que nada malo podría estar sucediendo; y por primera vez ese mundo tenía algo de semejanza con el mundo del viaje; que ese día se hizo más tangible que nunca, dentro del Chevrolet Nova, los chicos pensaban, que nada malo podría suceder, por fin todo era perfecto.
En el camino Kike sacó un gordo cuaderno de hojas amarillas con la tapa forrada en cuero, un lápiz de tinta negro y comenzó a escribir; estaba narrando la historia, no como un diario de vida, si no como una novela; en tercera persona, omnipresente, que infiere todo lo de sus compañeros y gente que lo rodea. El estudió unos años antropología, economía y hasta en historia de la literatura; pero su familia solo quería que estudiara leyes, sin embargo él prefería su propia escuela, las enseñanzas de la vida. De cierto modo había influenciado a Shaggy, que se alejó un poco del estricto camino de la ingeniería, para seguir la antigua senda del auto didactismo.
- Carla, Carlita, Carloncha, amiga del alma, amor de mi vida. ¿Nos dirías ahora, de una vez por todas, que vamos a pasar, si es que no la vida, por lo menos unos buenos años juntos, de donde cresta sacaste ese chaleco?
- Dame un poco mas de esa marihuana y te diré hasta el mismísimo secreto de la vida – Parecía simular entusiasmo, cuando solo le había encontrado un poco de razón al Kike, era ahora o nunca.
- Me parece un buen trato, tenemos asegurado para tanto tiempo que si nos pillan los pacos con esta sorpresita nos van a dar pena de muerte, y eso que ni existe jajaja.
- La weá wena loco, hace unos meses de aprender a manejar volao me di cuenta que es mucho mejor que sobrio, te concentras caleta en todo lo que te rodea – Shaggy simplemente estaba en otro mundo.
- ¿Van a escuchar mi historia o no? – Carla se encontraba algo feliz de, quizás, poder seguir ocultándola, pero a su vez quería liberarse.
Hipólito V se encontraba tirado en la parte de atrás, ocupando casi dos cuartos del asiento trasero, el cual estaba cubierto por su manta, una toalla de spiderman, a veces al pasar algún camión o algo que sonara fuerte levantaba rápidamente su cabeza; pero seguía siempre tranquilo, acostumbrado a estar inmerso en ese mundo, que después de todo, ya le había cautivado en cierta medida.
- No se si se acuerdan mi veraneo en el norte, con mis viejos y toa la volá.
- Cómo no recordarlo, si nos trajiste esos cactus que nos tuvieron weones como por ocho horas.
- Bueno, cuento corto, me emborraché demasiado..
- …Verdad que ahí dejaste de tomar -. Interrumpió nuevamente Kike.
- ¡Puta la weá! ¿Querí contar tu la historia o inventar algo pa tu cagá de libro? -. Hasta Hipólito V se le enfrió la piel. Y luego de eso, inclusive la radio dejó de sonar.
- Bueno, estaba súper curaa y me comí con un loco y de tonta igual, ebria hasta las patas, ustedes cachan….Le solté el poto po, nunca había hecho esa weá, nunca me había enamorado siquiera; o sea, cuando pendeja, pero son cosas de cabra chica, de ese amor con suspiros. De todas maneras ahí no fue así, ni me acuerdo que cara tenia el weón, ni cuanto duró, ni nada. Al otro día desperté y el estaba durmiendo, dándome la espalda mientras roncaba, pasao a copete y cigarro; yo tenía un tufo asqueroso, una resaca de mierda y que apenas podía caminar, como si me hubiesen pegado una patada entre las piernas. En ese momento caché el chaleco que lo tapaba, y me di cuenta que siempre lo había visto durante el verano; en las discos, en los pubs, chupando en la plaza, en la playa volaos, etc. Pero no a él, si no que su chaleco, como si esos colores incandescentes me hubieran estao previniendo todo el rato. Entonces cerré mis ojos, por si en un momento pasaba a ver su rostro y le saqué el chaleco, pasé a rozar su mano y era áspera, se sentía torpe. Luego me fui y no salí mas en todas las vacaciones, cuando mi vieja me preguntó de donde lo había sacado le dije que lo intercambié con un weón que conocí en la noche y que decidimos hacer un intercambio, total a ella le da lo mismo si me comen en un carrete o la clase de intercambios que hago, nunca le ha importado de que manera me ando cagando la vida. - Sus ojos brillan un poco y parece salir alguna lágrima – Pásame ese pito pa aca Kike weón – Se lo quitó de sus manos, y mientras fumaba, el humo le entró a los ojos y disimuló su lagrima con las que salen normalmente al sentir el humo en el rostro; y mientras botaba el aire, luego de retenerlo un poco, sonrió levemente, le entrego la aguja a Shaggy y prendió un cigarro.
Ya habían pasado horas dentro del auto, dentro de este la niebla era espesa y afuera la noche estaba clara y despejada; las estrellas se podían ver en su máxima plenitud y en general, la carretera estaba extrañamente calmada. Con los peajes y esas cosas no tenían problemas, ya que cada uno había ahorrado plata hace ya un buen tiempo; a base de abuelitas, empaquetar bolsas en el Jumbo, vender seguros en algún mall, algunas artesanías, en fin, cualquier cosa. Y es porque llevaban años juntos y desde que Hector y Oscar tenían catorce años que planearon esto; luego, en el taller de fotografía del colegio conocieron a Carla, que era una niña extremadamente pequeña y delgada, con miedo al mundo y una reluciente Hesselblad 503 colgando de su cuello, con la que pretendía revivir el oficio de su abuelo, que sus padres habían dejado atrás por los viajes de negocios, y sacar fotos por el mundo. Los viajes eran lo único que la unía con su familia.
Se detuvieron a las orillas de la carretera, cerca de un mirador, Shaggy apagó la radio justo en el momento en que había dejado de sonar The Killing Moon. Había conducido unas cuatro horas seguidas y era bueno ventilar un poco el auto por si los paraban pacos. El Polo aprovechó de apropiarse de unos cuantos árboles y luego se acercó al mirador nuevamente, donde Carla y Shaggy, por mientras, Kike vigilaba el auto; los demás observaban enormes bosques de pino.
- Nos estamos acercando a la industria donde trabaja tu papá, Shaggy, no te valla a reconocer alguno de los trabajadores por el auto.
- Tranquila, si los que asistieron al bingo son los que trabajan en las oficinas de venta y que queda en el lugar del bingo, a más de cuatro horas de aquí. Me carga el trabajo culiao si, prefiero comprarme yo mi comida y mi ropa y así no tener que subsistir en base de todos estos pinos feos que matan el suelo – Hace una pausa y mira el cielo hacia el sur – Cachai esa cagá de humo, el cielo esta hermoso hoy día, las tremendas estrellas loca y cachate esa Luna, pero en la industria y sus alrededores siempre está esa nube de mierda, hedionda, pestilente.
- Mmm, ese humo parece como si fueran puros brazos que vienen a plantar pinos – Quedó inmóvil observando atentamente el smog, con los ojos pequeños y llorosos - Kike, weón, para de vigilar el auto que si pasa alguna weá el Polo va a ladrar tonto weón, ven aquí mejor, cacha esta volá, es lo que realmente pasa.
Kike entró al auto, sacó una cajita antigua de aluminio de galletas con una ilustración de Mucha y se acercó al grupo.
- Estaba pegao escuchando lo que hablaban ustedes. Cachai que en el colegio una vez un curso organizó un debate, eran cabros chicos igual, como de primero medio, y el tema era…..puta la weá, no me acuerdo jajaja; pero era algo relacionado con el impacto medio ambiental producto de ciertas industrias. La weá es que un apoderado trabajaba en esa área y reclamó caleta, y dicen que hasta le pagó al profe o no se que mierda, otros dicen que lo demandó, no cacho bien. Pero no se hizo nada, me dio lata los niños igual, si eso fue hace poco, onda, nosotros estamos mas que egresados jajaja. Es como si desde chicos los acostumbran a ser censurados.
- Eso fue el año pasado, como en mayo, y el apoderado fue mi viejo, si eso paso en el curso de mi hermana chica
Hubo un poco de silencio, pasaron unos autos por detrás, Kike divisó un Cuy abajo, entre los pinos, y no le dijo a nadie. Carla sintió que los brazos de smog la llegaban a tocar y hasta se movió un poco hacia atrás para que no le plantaran pinos encima. Polo se acercó a su dueño, por simple instinto, le rozó la pierna y Shaggy le acarició el cuello, al mismo tiempo que su mente estaba en blanco y sus ojos no miraban hacia ningún lugar. Todos querían decir algo pero nadie encontraba las palabras, entonces Polo ladró, ya que siempre ha percibido que en ocasiones esos tres jóvenes entendían sus ladridos textualmente – Sus familias son una mierda – Durante un segundo sintieron un escalofrío, luego rieron, acariciaron a polo y Carla hasta lo abrazó; Kike sacó mas hierba de la cajita de galletas y tardó unos cinco minutos en armar un pito ya que lo hizo con tanta meticulosidad que podría haber sido considerado una obra de arte. Shaggy fue a buscar las galletas, fumaron y comieron durante un tiempo inexplicable, le dieron unas galletas a Polo y subieron al auto, callados. Hector, sin siquiera darse cuenta, puso un cassette sin nombre y a medida que el sonido iba aumentando de intensidad, el auto, para ellos, comenzó a andar.
Avanzaban a toda velocidad, las luces de los autos parecían cometas, meteoritos que se alejaban o acercaban en todas las direcciones posibles, dentro de una galaxia de pinos en vez de estrellas y smog en vez de lo infinito. A veces alguien podía comentar sobre la velocidad, todos lo hicieron más de alguna vez; asustados o como simple prevención, se dice que hasta hubo una discusión sobre eso, pero de eses momentos no se tiene certeza de nada. Solo que los pinos eran estrellas y el smog el infinito; una noche de color café oscuro, mezclado con grises y los más profundos de los azules; los pinos no iluminaban, oscurecían, así que a medida que pasaban los meteoritos, el Universo se parecía mas a la Tierra y la Tierra al Universo, tanto llegó a ser la similitud, que no se sabía si aquellos cuerpos celestes, residuos materiales de lo eterno, viajaban siguiendo órbitas intangibles dentro del espacio, o si cada uno de ellos era un azote más para el planeta del cual los jóvenes insertos en el auto, querían escapar, mientras este se caía a pedazos. Desgraciadamente el escape se convirtió en algo absurdo y casi gracioso en el momento en que Oscar se dio cuenta que el auto aún no se encontraba en movimiento.
- ¿Vieron lo que yo vi? – Después de la revelación, cuando Shaggy se iba a rascar el estómago y se dio cuenta que las llaves del auto estaban apoyadas ahí, instantáneamente hizo esa pregunta.
- Sí.
- Sigamos este viaje.
- Si es necesario…..acelera más.
- Hasta que no exista nada de que temer.
- Hasta que no exista nada de que escapar.
- Hasta que no exista nada mas que nosotros.
Pisó el acelerador como si siguiera una carrera por su vida. Al partir el auto todos sonrieron e incluso hubieron carcajadas, Polo se paró de su inmóvil situación y se unió a festejar, mientras hundía sus hocico en las galletas que estaban entre Shaggy y Carla – ¡Mira Polo, cuando terminemos esto encontrarás a todas tus futuras pololas esperándote! – Entonces el perro se animó un poco más, pegó un ladrido y miró hacia donde todos miraban, la real lluvia de meteoritos. Si antes era una situación difícil, ahora se llegaban a encandecer de tantas luces que iban y venían, donde ya no existían discriminaciones de colores y formas, cualquier cosa podía ser una, dos o tres cosas diferentes, vieron hasta niños, familias enteras, personas, estrellas de cine y políticos importantes cayendo con luz propia; fueron tantos los objetos que en un momento la luz parecía dominarlo todo. Hubo un momento de silencio en el que todo era blanco, pasaron a través de una especie de portal mientras voces del mas allá parecían gritar de dolor bajo una tortura invisible. En un momento, Shaggy miró al espejo retrovisor y vio atrás los comienzos de la luz que acababan de pasar, la última salida del mundo real, les comentó a los demás compañeros y Kike dijo que lo había leído en libros, te cobraban hasta tu propia vida por desvanecerte y dejar todas las ataduras de lado; fue ahí cuando todos comprendieron, pero solo Carla se atrevió a decirlo – Estamos llegando al fin del mundo – Y mientras se acercaban, todo lo anterior parecía atarlo, con sus últimas fuerzas, como si fueran opciones sacadas de una carta bajo la manga; a lo que existía detrás de ese portal. Sonó una música infernal dentro de los cuerpos de cada uno, melodías que ellos, juntos a todos los mortales, como nosotros, escuchamos cuando los otros se acuerdan de nosotros; pero para ellos, cerca del fin del mundo, parecían destrozar sus entrañas. Carla abrió su ventana, arrojó el chaleco y así se fue el sonido dentro de su mente; ya no había nada más de que preocuparse para ella. Oscar y Hector lograban olvidar ese ruido al concentrarse en el viaje que siempre habían imaginado y en los aullidos de Hipólito V. Nadie se dio cuenta en que momento sus mentes volvieron a estar en paz, se abrazaron todos por haber pasado la parte mas turbia del viaje y durante ese momento, fueron felices; pero los ladridos fuertes de Polo los hizo mirar al frente, para darse cuenta que estaban cerca de una ciudad enorme con largos brazos que salían de los edificios y lo envolvían todo. Los brazos los atraparon en algo parecido a una caída libre; y en el fondo de todo observaron un gran espejo violeta en el cual se vieron a si mismos, y detrás de ellos; un montón de pinos muertos. Polo, ya no estaba con ellos, y no por su voluntad, ya que él solamente quería acompañar a su dueño y joder un poco con las perras del Sur; pero por desgracia para él, el lugar era solamente el fin de los humanos y de los pinos, los animales nunca serían bienvenidos ahí.
Dentro del auto nadie entendió nada, ya que el auto en sí se hizo fuego y luz tan rápido que solamente alcanzaron a reflexionar unos esbozos de que así se producían los cometas de los cuales habían escapado hace unos minutos, y que ahora no serían nada mas que eso, destinados a atacar otras tierras y vivir por siempre con el peso del hervor que sentían en sus huesos, la falta de piel y el sueño inevitable que iba a llegar en unos diez segundo más, nueve segundos más, ocho segundos, siete segundos y alguno de ellos sintió el sabor del fuego desintegrando su lengua, seis segundos, a los cinco segundos estaban todos desnudos, cuatro segundos, tres segundos más, en unos dos segundos más, en solo un segundo, en el cual se tomaron de las manos, porque ya no se podían observar y quizás ni se tomaron las manos, eran sus pies, ojos, o incluso podrían ser partes del auto. En el último segundo no sentían casi nada, a excepción del fuego que entró a sus pulmones hasta llenarlos. Y así, a medida que el segundo más lento de sus vidas estaba por pasar, lo último percibieron antes de dormir fue solo un pedazo de un ladrido del Polo, un ladrido que para ellos nunca terminó y jamás supieron que dijo, pero algo de calma les dio saber que estaba bien y que por lo menos uno de los del grupo logró escapar. Así que con esa calma, antes de que finalizara el ladrido, dentro del auto los tres amigos, a pesar de todo, encontraron la paz.
Al amanecer llegaron tres padres y tres madres a llorar tres cadáveres consumidos por el ácido de la industria de los pinos. Llegó otro montón de trabajadores a llorar el Chevrolet Nova del 70, llegaron algunos jóvenes a llorar amigos, algunos chicos a llorar alguna mujer y algunas mujeres a llorar a algún hombre. Pero solo Hipólito V permaneció toda la noche llorando un sueño, ladrándolo a las montañas, enfrentando los pinos y ahuyentando a todo desconocido que se acercara a su amo ya muerto, tubo que llegar un padre y una madre para poder atarlo a un poste; y cuando la madre se acercó, Polo olió algo extraño que se formaba en el estómago de la mujer, lo estuvo oliendo durante los minutos en los que sin darse, cuenta fue amarrado; luego de olerlo lo olvidó y no hizo absolutamente nada, después de todo Hipólito V no era descendiente de Hipólito, solamente era un perro con un nombre inspirado en un animal que hace años se encontraba muerto.
jueves, 19 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
¿dónde está el autor? ¿dónde quedó? ¿quién se lo llevó? ¿murió él también en su escritura? ¿dónde está uno al momento de escribir? ¿cómo un texto puede agradecer a su creador? ¿por qué huele todo esto a desaparición? ¿quién robó primero? ¿quién mató primero? ¿hola? ¿holaaaaa?... gulp!.
escribiremos una historia parecida.
pero con una furgoneta, dos perros i un final menos trágico (o podríamos decir un final feliz (: )
Es como la historia que todos quisieramos vivir... Desaparecer del mundanal ruido y llegar al paraiso.
Tu lo escribiste verdad?
Hay una parte que me encanto:
"Solo que los pinos eran estrellas y el smog el infinito; una noche de color café oscuro, mezclado con grises y los más profundos de los azules; los pinos no iluminaban, oscurecían, así que a medida que pasaban los meteoritos, el Universo se parecía mas a la Tierra y la Tierra al Universo, tanto llegó a ser la similitud, que no se sabía si aquellos cuerpos celestes, residuos materiales de lo eterno, viajaban siguiendo órbitas intangibles dentro del espacio, o si cada uno de ellos era un azote más para el planeta del cual los jóvenes insertos en el auto, querían escapar, mientras este se caía a pedazos"
Me la imagine hasta con olores...
Que estes bien. y sigue escribiendo... Eres bueno.
Publicar un comentario